01-10-2013  
 
 

Diversas autoridades han planteado la necesidad de contar con un Alcalde Mayor para Santiago. Reconocen que El Gran Santiago tiene problemas específicos, distintos a los del resto de la región. Se refieren a dificultades vinculadas al desarrollo de nuestra ciudad. Ése es el foco: el desarrollo de lo que podríamos llamar nuestra Ciudad-Estado, dado el nivel de centralismo de nuestro país. ¿Cómo se coordina y dirige ese desarrollo? ¿Quién o quiénes lo hacen o deberían hacerlo?

Los diferentes servicios públicos actúan sobre la ciudad dejando las marcas de sus decisiones en el territorio. La mayoría de las veces sin la planificación necesaria, sin la coordinación intersectorial que se precisa, dejando las huellas de la descoordinación institucional y operativa. Ejemplos de ello son las malas experiencias en áreas como transporte, pavimentación, contaminación y seguridad pública.

En los debates del Chile futuro, no podemos olvidar el Gobierno de nuestras Ciudades. Y no pensar sólo en Santiago. Concepción, Valparaíso, Coquimbo y La Serena -por nombrar sólo algunas-, son importantes ciudades que requieren hoy de una gestión coordinada y  eficiente.
Y tan significativo como definir a quién coronamos para dirigir nuestra ciudad-estado, trascendental es visualizar de qué se trata nuestra “cuestión urbana”.

Me refiero a la ciudad en su conjunto. Con sus virtudes y sus desastres, con zonas modernas que se contraponen con la segregación social y territorial de otros sectores. Se trata también del sentido de urbe que queremos construir. En el caso de Santiago, que es el centro del país, como ese centro cambia en un sentido de calidad y fortalecimiento como gobierno democrático, representante de los ciudadanos en su conjunto, de manera plural, como plural y diversa es la sociedad urbana.

Se trata de cómo se gobierna una metrópolis. Con qué grados de autonomía, con qué tipo de autoridades y con qué grados de democracia y participación la debiésemos planificar. Santiago, hiper-crecido mas no hiper-desarrollado, mutando de metrópolis a mega polis, como un agregado de partes o fracciones urbanas, es una ciudad única sólo en sentido imaginario. Es una, dos o tres ciudades en sentido real. Basta pararse en Apoquindo con Avenida El Bosque y luego hacerlo en Gran Avenida con Lo Martínez para preguntarse si estamos en la misma ciudad.

El desafío es gobernar esa gran ciudad, tan dispar. Generando y coordinando el amplio volumen de políticas públicas que se expresan en su territorio.

Por delante, tenemos la tarea de redefinir las instituciones de gobierno metropolitano, para nuestras ciudades, que tienen al menos tres desafíos importantísimos, a saber, ser competitivas en un escenario globalizado; poder gobernarse con amplios niveles de participación ciudadana;  y generar las condiciones para que sus habitantes y ciudadanos  accedan a un desarrollo humano que tenga sustentabilidad social, ambiental y territorial.

 

Iván Borcoski González
Secretario Ejecutivo
Asociación Chilena de Municipalidades