12-08-2013  
 
 

FERNANDO SAN ROMÁN
Alcalde de Tocopilla del Partido Progresista

A “sosegarse” me invitó el ministro de Salud. Sosegar viene del latín sedere que significa “estar sentado”. Entonces yo me pregunto si es el estilo del ministro y de su gobierno éste de quedarse sentado viendo los problemas pasar. Quedarse mirando desde el asiento de atrás que los enfermos de sus hospitales no tengan camas para recuperarse, que sus mujeres no puedan parir porque no hay especialistas, que sus hijos respiren un aire irrespirable, que beban un agua intomable, que naden en un mar contaminado, donde nadan también los peces que luego se comen, y que entonces viven asolados por el cáncer. Porque en Tocopilla se puede morir, pero no nacer.

Y el ministro me invita a que me quede sentado por tres años. Pero yo sostengo que es demasiado el tiempo que ya hemos esperado como para seguir arrellanados en nuestros cargos públicos sin hacer nada por la gente. Al menos, no es ese el estilo ni de este alcalde, ni de nuestra gente. La tecnocracia que nos ha gobernado de la Alianza y la Concertación nos han invitado por décadas a esperar sentados, a que nos traigan la solución para las enfermedades, para la contaminación y para la reconstrucción de Tocopilla. Pero ahora queremos buscar esa solución nosotros mismos. Y exigimos de pie, activamente y mirando a los ojos al Estado, recursos y espacios de decisión real.

¿Por qué las comunas que más han entregado económicamente al desarrollo de Chile y de las grandes fortunas personales, están siempre condenadas a vivir en la pobreza y la contaminación? ¿Qué pasó con las ganancias del salitre de Huara, del carbón de Lebu, de la refinería del acero en Huachipato, del cobre en Calama?

No pedimos limosnas. Solamente que las empresas entreguen recursos frescos para aplacar las externalidades negativas que nos provocan, y que el Estado entienda el rol preponderante que ha tenido Tocopilla en el desarrollo del país. ¿Por qué las comunas que más han entregado económicamente al desarrollo de Chile y de las grandes fortunas personales, están siempre condenadas a vivir en la pobreza y la contaminación? ¿Qué pasó con las ganancias del salitre de Huara, del carbón de Lebu, de la refinería del acero en Huachipato, del cobre en Calama?

Alguien se tiene que hacer cargo, pero nos piden que sigamos “tragando sapos“. Por asumir esa responsabilidad nos han golpeado y encarcelado. Parece que es cierto el adagio ese que dice que en el país de los ciegos, el tuerto está preso. Nosotros queremos devolver su gloria al norte.

En Tocopilla, en definitiva, no necesitamos nada distinto a lo que hemos necesitado siempre, y a lo que todas las personas precisan para construir una buena sociedad y un trato decente. Pero la realidad dice que en Tocopilla es más probable morir que vivir. Porque para vivir hay que nacer y en Tocopilla no se puede nacer.

Pero vivan sosegados, impasibles, y pasmados, nos piden ¿De qué sirve un alcalde pasmado? ¿De qué sirve vivir la vida sosegado? El sosiégate centrista es en definitiva un desatino. La poca fortuna de aquella engreída costumbre de la elite de tratarnos como canallas.

Chile necesita un cambio.

Y precisamente el cambio es el opuesto a quedarse sentado viendo al otro enfermar, y al enfermo morir. Tampoco es el de la solidaridad individual anual, ni el del asistencialismo estatal cada cuatro años —como precisa la invitación del ministro a este alcalde. El cambio que Chile requiere es el del rol activo de su gente por el otro, y por la responsabilidad de su salud, su entorno y su progreso. Somos Tocopilla. Somos Municipios. Somos la Gente.

¡Arriba Tocopilla!

Fuente: El Mostrador