14-04-2015  

 

Los aluviones e inundaciones producidos en las comunas del norte de nuestro país, ha modificado el paisaje de ciudades y pueblos de la región de Antofagasta y Atacama: Destrucción de rutas, viviendas, cortes de servicios básicos, personas muertas y  desaparecidas. Esto sin contar a los miles de damnificados. Un desastre climático que produce un incalculable dolor humano.

Desde el sentido común uno se pregunta ¿quién es el responsable de todo este drama? y ¿quién reparará todo el dano producido en los bienes materiales, infraestructura urbana y productiva, pero sobre todo, en el alma de nuestras comunidades afectadas?

Parece que Chile no es la copia feliz del Edén, la naturaleza nos interroga desde los sismos, tsunamis, erupciones y las recientes lluvias aluvionales.  Parece que las instancias de protección y previsión no se dieron tiempo para prever o tomar las medidas oportunas.
  
Todo ello puede ser cierto, pero no es toda la verdad del fondo de toda esta tragedia. Y no lo es simplemente porque uno de los mayores riesgos que está ahora y para las décadas siguientes en nuestro entorno, es el cambio climático. Chile es uno de los países vulnerables a este fenómeno, y cumple con siete de las nueve vulnerabilidades que los científicos del Panel Internacional para el Cambio Climático (IPCC) de la ONU, han anunciado.

El calentamiento global es el desastre producido desde la revolución industrial de 1850 en adelante, que está sobre la base de las tragedias climáticas que hoy estamos viviendo en Chile y en el  Mundo.

Y este fenómeno generado por las grandes empresas y las grandes potencias mundiales, nos afecta alterando nuestros climas locales, desestabilizando nuestros entornos ambientales y afectando la regulación de los factores de la naturaleza y la atmósfera.

Si queremos encontrar responsables de estos desastres, entonces hablemos de empresas que se resisten a reducir sus emisiones de dióxido de carbono, y de las grandes potencias desarrolladas que se niegan a suscribir y comprometerse a acuerdos de mitigación y adaptación al cambio climático.

No son nuestros alcaldes, intendentes y gobiernos los responsables de estas tragedias. Son los grandes decidores de las políticas mundiales sobre el medio ambiente y el cambio climático, los que se aferran a un sistema de gobierno global que mantiene este sistema y, a su vez, el uso de los combustibles fósiles como fuente de energía para sus grandes industrias.

Entonces, ¿qué hacer ante estos poderes globales que tanto dano producen en nuestro clima, en nuestro barrio, nuestra comuna y a nuestras familias?

La participación socio-ambiental ciudadana, democrática y climática es el paradigma  del siglo XXI y es la única o la principal bandera que nos permitirá enfrentar estos dramas que hoy nos asaltan.  

La lucha contra los poderes globales que se resistieron en la Cumbre de Cambio Climático de Lima en diciembre 2014, o más conocida como la COP 20, a suscribir un acuerdo de reducción de emisiones de CO2 en sus países; la lucha contra quienes hoy se niegan o no entienden que si en la Cumbre de Cambio Climático de París en diciembre 2015 o COP 21 no se acuerda una drástica reducción de emisiones, simplemente estaran siendo los verdugos de nuestra propia especie humana. Quizá no del Planeta Tierra, que tiene suficientes recursos propios para adaptarse y recuperarse asimisma, pero sí de todos nosotros, nuestras familias y nuestras comunidades.

Emergencia y lo prioritario

Por cierto, hay tareas inmediatas para atender nuestras emergencias. Hay planes de contingencia que los gobiernos locales, regionales y nacionales han activado junto con los recursos necesarios para atender las urgencias de estos dramas. Esperamos que ello se cumpla a cabalidad, con la oportunidad y la eficiencia que la situación amerita.

También, nuevamente, se ha vuelto a poner en marcha esa hermosa solidaridad de nuestro pueblo en todo el país. Nuevamente se ha reavivado esa cálida esperanza de toda nuestra gente que se une a los damnificados y les brinda su generosidad y apoyo para salir adelante con fuerza, dignidad y amor.

Pero también hay desafíos de carácter socio-ambiental, que nos corresponde como ciudadanía. ¿Cuáles son esos posibles desafíos?

  • Primero, podríamos exigir el derecho a organizarnos como ciudadanía y como afectados, junto al municipio y a otras instancias sociales, ambientales y políticas locales, a fin de poder participar activamente en los planes de emergencia y de reconstrucción de las zonas afectadas.
  • Segundo, podríamos exigir el derecho a la información y a la capacitación respecto a los conocimientos técnicos, científicos y políticos del cambio climático que nos afecta. El derecho ciudadano no solo es el de ser atendido por el Estado eficazmente ante estas emergencias, también lo es el derecho a saber qué está ocurriendo exactamente con el clima y el medio ambiente en nuestra comuna, el país y el Planeta.
  • Tercero, podríamos exigir nuestro derecho a participar en los diálogos, análisis y elaboración de propuestas sobre los planes de prevención ante desastres, adaptación al cambio climático e incidir sustancialmente en las políticas públicas nacionales y locales relacionadas a estos temas.
  • Cuarto, podríamos exigir el derecho a participar como ciudadanía en los procesos nacionales, regionales y globales sobre el cambio climático, a fin de poder expresar nuestros testimonios, reflexiones y sugerencias acerca de los impactos que el calentamiento global está produciendo en nuestros territorios. Por ejemplo, las autoridades nacionales deberían garantizar la asistencia de las organizaciones de los damnificados en las reuniones públicas que convoque la Oficina de Cambio Climático del Ministerio del Medio Ambiente; asimismo podríamos acceder, con apoyo del Ministerio de Relaciones Exteriores y el del Medio Ambiente, a las cumbres globales que este ano se realizarán sobre el cambio climático, del mismo modo como lo han hecho en cumbres anteriores los pueblos afectados de los países insulares en riesgo climático, como las Maldivas.
  • Quinto, -y esto es muy importante- deberíamos exigir el derecho, junto con las autoridades nacionales, a ser incluidos entre las comunidades beneficiarias a los recursos financieros del Fondo Verde creado por la ONU, precisamente para atender este tipo de desastres climáticos. Nuestra emergencia y la reconstrucción de nuestras casas y localidades, no es solo responsabilidad del gobierno de Chile. Este es un tema de implicancia mundial, por tanto, la ONU y el Fondo Verde, deberían -mediante gestión urgente del actual gobierno de Chile-, exigir el derecho de los damnificados del Norte a ser beneficiarios de estos recursos mundiales. Este Fondo ha acumulado hasta el momento más de 10 mil millones de dólares, dentro de una meta de 100 mil millones de dólares. Atención, y este derecho no solo es para los damnificados de los desastres del Norte, también es válido y operativo para los damnificados de los incendios y la sequía del país, que también son impactos del cambio climático.
  • Sexto, deberíamos generar alianzas, asociatividad y unidad ciudadana junto a otros pueblos de países hermanos en riesgo climático de América Latina y del Mundo, para enfrentar a quienes hoy son los responsables del aumento de las emisiones de CO2, a quienes hoy se resisten a suscribir un nuevo acuerdo climático en la COP 21 de este ano, y a quienes indolentemente optan por sus jugosas ganancias capitalistas antes que el bienestar de la humanidad y de nuestras poblaciones. Estas asociatividades ciudadanas podrían tener como meta preparar propuestas concretas a nivel nacional o regional para ser presentadas en la Cumbre Mundial de Cambio Climático o COP 21, a realizarse en noviembre de este ano en París.