16-06-2013  

El Mercurio

 

En Chile existen hoy 346 comunas, con ingresos y presupuestos muy diversos, dependiendo de los recursos que reciben del Fondo Común Municipal y de aquellos que recaudan en su jurisdicción territorial. De ahí que se hable de comunas "ricas" y "pobres". Las primeras cubren adecuadamente las necesidades de sus habitantes, no así las segundas.

La expansión de algunas comunas ha implicado la emergencia de núcleos poblacionales de distinta densidad, que en la práctica son apéndices del municipio y dependen de él para sus requerimientos de educación, salud, seguridad y otros. En algunos casos, estas localidades han adquirido una proporción tal, que presentan necesidades específicas no cubiertas por el ente municipal, siempre presionado por otras prioridades. Esto ha llevado a sus habitantes a buscar que tales zonas sean reconocidas como municipios y así -creen- superar su situación desmedrada.

Estas circunstancias han motivado la presentación a la Subsecretaría de Desarrollo Regional (Subdere), a cargo de la administración de los municipios, de varias solicitudes de distintas localidades para transformarse en comunas. El Gobierno, por su parte, analiza la creación de otras 15.

El afán de independizarse de sus comunas madre -Tongoy de Coquimbo, Putú de Constitución, Labranza de Temuco, entre otras- expresa la aspiración a recibir un flujo directo de recursos y administrar focalizadamente sus problemas específicos. El Gobierno deberá estudiar con cuidado la factibilidad de acoger tales peticiones. Es preciso determinar cuál es la situación real de cada una de estas comunas, especialmente la de aquellas "pobres", que se encuentran bajo la línea de recursos apropiados para cumplir a cabalidad con sus funciones, y asimismo explorar si las condiciones de las localidades, pueblos o zonas que pretenden convertirse en comunas permiten la concreción de ese anhelo.

Se debe aprender de experiencias anteriores. Por ejemplo, cuando se crearon las comunas de Alto Hospicio (Región de Tarapacá), Hualpén y Alto Biobío (ambas de Biobío) y Cholchol (La Araucanía), hace ya 10 años, no se previeron cabalmente los desafíos que ellas debían enfrentar para superar situaciones de pobreza, aislamiento, dependencia del gobierno central o regional, con una precaria institucionalidad.

El Gobierno, al realizar los estudios pertinentes, debe considerar la real capacidad de las posibles nuevas comunas de llevar adelante la implementación adecuada de las políticas consustanciales al actuar municipal. De lo contrario, solo se estaría cargando al Estado con un lastre burocrático, cuyo costo podría ser mejor encauzado mediante políticas directas de lucha contra la pobreza.

 

Fuente: www.elmercurio.cl